martes, 19 de julio de 2011

diario 27.8.11

Una de las cosas que escribe Elsa Punset es: "Sólo un ser humano enfermo -psicópata- tolera cómodamente su propia maldad. Para acallar el ruido de la disonancia interna resultante hemos desarrollado mecanismos que justifican casi cualquier acto o decisión, por injusta que pueda resultar. Así hemos abierto la espita de muchas de las paradojas y sinsentidos históricos del comportamiento humano: el abuso, la tortura, la degradación y la mentira. Porque en realidad casi nunca mentimos, sino que nos autojustificamos y para ello nos autoengañamos. El colmo del cerebro humano es que consiga mentirse tan bien a sí mismo: suavizamos las verdades crudas de la vida, ignoramos aquello y aquellos que conviene ni ver ni escuchar, minimizamos los deseos incómodos o conflictivos. La mente humana pone a nuestra disposición un abanico amplio de recursos automáticos para distorsionar la memoria, las percepciones y la lógica: tomamos decisiones en función de sesgos cognitivos automáticos, filtramos eficazmente la información circundante, reinventamos la realidad para acomodarla a nuestros deseos y a nuestras necesidades. Retomar nuestras memorias y alterarlas, revisarlas y acomodarlas es un proceso tan corriente que pasa inadvertido."

En fin ella dice que mentimos para sobrevivir, porque estamos programados para la supervivencia, pero también para amar, para compartir, por eso cuando mentimos, robamos o manipulamos, nos angustiamos, y cuando no amamos nos entristecemos.

diario 26.8.11

El mecanismo de la víctima.-

Otro rasgo muy característico de la relación perversa es que la víctima nunca llega a pisar suelo firme y saber qué se le reprocha, para así encontrar una salida. El perverso manipula y recurre al descoloque para paralizarla: se contradice, niega y miente. Como la víctima considera que tiene la llave para ayudar a su agresor, que sólo ella puede llenarlo con su vida y con su amor, intentará adaptarse. Está convencida de que el diálogo será parte de la solución, pero no logrará comunicarse. Por ello la víctima acumula grandes dosis de estrés y de tensión interior que fomentan los trastornos crónicos, la ansiedad y el agotamiento. Suele pasar de ser una persona llena de vida a una persona deprimida que se siente vacía. Se instala en la sumisión psíquica por su tendencia a culpabilizarse, por el miedo a decir o hacer algo que enfurezca al perverso y que le acarree un castigo cualquiera, por evitar tener que soportar más silencio, más desprecio, más palabras hirientes. O también, de forma más inconsciente porque le cuesta demasiado reconocer que su verdugo nunca la quiso, o renunciar al ideal de que ella podía salvarlo. No se puede vencer a un perverso. Tal vez se pueda, dice la doctora Hirigoyen, con esfuerzo y tiempo aprender algo acerca de uno mismo. La única victoria es alejarse sin haberse contagiado de su agresividad y malevolencia. Las víctimas siempre esperan que el agresor se disculpe porque la batalla ha sido siempre profundamente desigual e injusta. Pero eso nunca ocurre porque el perverso excluye de sí mismo el sufrimiento y la duda. A la víctima sólo le queda identificar el proceso perverso que pretende hacerla cargar con toda la responsabilidad del conflicto y analizar el problema dejando de lado la cuestión de la culpabilidad, porque no fue débil al principio, sino demasiado confiada: se creyó salvadora, redentora. Se sintió demasiado responsable y por tanto infinitamente culpable. Tendrá que abandonar el ideal de tolerancia absoluta que enarbolan tantas víctimas y reconocer a tientas que a quien amaba le aqueja, en mayor o menor medida, un trastorno de personalidad peligroso para ella y para los suyos. Una diferencia clara entre una víctima de un perverso y un individuo masoquista es que cuando la primera tras un enorme esfuerzo consigue separarse de su verdugo, siente una enorme liberación: Ha intentado la labor imposible de resucitar a los muertos. Ahora puede abandonar su posición de víctima inmovilizada y permitir que la vida renazca.

Por Elsa Punset.

diario 25.8.11

El mecanismo del perverso.-


Es fácil y seguro manipular a quien te ama o a quien depende de ti: apagar la chispa de la vida en el otro, romper su voluntad, quebrantar su espíritu crítico para que no te pueda juzgar. Conocer el perfil de un perverso debería formar parte de una buena -pero en la actualidad completamente inexistente- educación afectiva. El perverso no es un enfermo,se ha forjado con probabilidad en la infancia cuando no pudo realizarse, dice la psiquiatra francesa Marie France Hirigoyen en su libro “El acoso moral”. Creó férreas defensas contra los demás para protegerse y así una actitud que podía haber sido simplemente defensiva y aceptable se convierte con el paso de los años en una personalidad incapaz de amar y convencido de que el mundo entero es malvado. Insensibles, sin afectos: ésa es su fuerza, así no sufren. Agreden para salir de la condición de víctima que padecieron, dividen su mundo en malo y bueno, temen la omnipotencia que imaginan en los demás porque se sienten profundamente impotentes, por ello necesitan protegerse hasta destruir.

Todos los encantadores no son perversos; pero todos los perversos son en la primera etapa de una relación unos grandes seductores. Así atrapan a su víctima, así logran mantenerla en un intrincado proceso plagado de silencios, mentiras y dudas que la paralizan. Así pretenden llenar su propio vacío, extraer la vida que sienten que no palpita en ellos y que contemplan resentidos en otros. Al perverso no le agradan las palabras cariñosas porque busca la repulsa para confirmar lo que ya sospecha: que la vida es ausencia de amor y negritud. Cuanto más transparente y generosa sea su víctima, cuando mejor intente tratarlo, mayores serán su rabia y el desprecio del perverso. Los procedimientos perversos son procedimientos defensivos que, de entrada, no se pueden considerar como patológicos. Es importante ser consciente de que todos podemos ejercer, en algún momento, un comportamiento perverso: sólo significa que intentamos protegernos de manera exagerada. De hecho, son dinámicas que aparecen con mucha frecuencia durante los divorcios y las separaciones. Pero las personas que no son perversas sienten remordimientos cuando manipulan y maltratan psicologicamente al otro y logran desterrar ellas mismas este comportamiento de sus vidas. Lo que resulta destructivo y peligroso es el aspecto repetitivo y unilateral del proceso. Por ello hay que aprender a no tener una paciencia eterna ante los pequeños desprecios, disimulados un día por el mal humor, otro por el disgusto, un tercero asestado ya sin explicación. Si quien nos acompaña nos está dañando, ha de ser capaz de rectificar. La tolerancia no puede alargarse hasta el infinito. Otro rasgo característico de una relación perversa es la sensación de soledad que siente la víctima. Porque si el perverso logra aplacar sus tensiones interiores con una persona, se comportará de forma normal con el resto del mundo. Sólo necesita una víctima y la suele elegir entre aquellos que más saben gozar de la vida -no en el sentido material, sino afectivo y psíquico-, alguien con dones musicales, literarios, alegría de vivir, sensibilidad, comunicación, creatividad... Alguien que detenta algo que podría llenar su vacío existencial. Así, quienes rodean a la víctima probablemente no llegan a sospechar la realidad de la relación perversa en la que está inmersa.

Por Elsa Punset.

diario 24.8.11

Estos textos pertenecen a Elsa Punset, pero por su relevancia en el estudio de las relaciones humanas, y de cuándo nos hacen éstas daño psicológico, es importante que Diotima los ponga también por aquí, y los vaya desmenuzando para sacar algunas enseñanzas respecto a nuestros sentimientos:

"Nuestros compañeros son seres humanos, como nosotros, que pasan por el proceso normal de crecimiento. Nadie está jamás terminado... Cuando renunciamos a la obsesión pueril de escudriñar el planeta en busca de la persona perfecta, podemos empezar a cultivar la habilidad de tener relaciones compasivas. Dejamos de juzgar a los demás para relacionarnos con ellos. Antes que nada reconocemos que no nos relacionamos para concentrarnos en lo bien o lo mal que los demás aprenden sus lecciones, sino para aprender las nuestras. ¿Por qué tendemos a vernos envueltos en relaciones que no son constructivas? Para el ego -es decir, para las defensas que presentamos frente a los demás- aceptarnos como somos, sin defensas ni protecciones, implica que ya no es necesario. La autoaceptación, dice Marianne Williamson, es la muerte del ego. Pero las personas confían mucho en ese ego supuestamente protector y suelen regirse por sus dictados: “Por eso nos atrae la gente que no nos quiere. Desde el principio sabemos que no están con nosotros. Más tarde, cuando estas personas nos traicionan y se van, tras una estancia intensa pero bastante breve, fingimos que eso nos sorprende, pero lo sucedido encaja perfectamente en el plan de nuestro ego: No quiero que me quieran. ¿Por qué las personas agradables y bien dispuestas no nos parecen agradables? Porque el ego confunde la excitación con el riesgo emocional y concibe una persona amable y accesibe como no suficientemente peligrosa. La ironía es que la verdad es lo opuesto: las personas accesibes son las peligrosas, porque nos confrontan con la posibilidad de una intimidad auténtica. Son personas que en realidad podrían frecuentarnos durante tanto tiempo que llegarían a conocernos. Podrían socavar nuestras defensas, valiéndose no de la violencia, sino del amor”.

diario 23.8.11

El "Wish you were here" de Pink Floyd, estas fueron una de las canciones que le abrieron la mente en su juventud, y empezó a sentirse mujer y a aprender otras maneras de relacionarse, cuando Diotima viajó a Alicante y se echó aquel novio tan feo; luego después en Sevilla también volvió a escucharla en un bar de rock que había por la Puerta Osario adonde entonces iba casi todos los sábados y había una máquina de poner música y estuvo bailando esta canción allí con alguna pareja esporádica que le salía.



So, so you think you can tell

Heaven from Hell,

Blue skies from pain.

Can you tell a green field

From a cold steel rail?

A smile from a veil?

Do you think you can tell?

Did they get you to trade

Your heroes for ghosts?

Hot ashes for trees?

Hot air for a cool breeze?

And cold comfort for change?

Did you exchange

A walk on part in the war,

For a lead role in a cage?

How I wish, how I wish you were here.

We’re just two lost souls

Swimming in a fish bowl,

Year after year,

Running over the same old ground.

What have we found

The same old fears.

~



Así que crees que sabes distinguir

el cielo del infierno

el cielo azul del dolor

¿sabes distinguir un campo verde

De un frío raíl de acero?

¿una sonrisa de un velo?

¿crees que puedes distinguir?

¿consiguieron hacerte cambiar

tus héroes por fantasmas?

¿cenizas ardientes por árboles?

¿aire caliente por una brisa fresca?

¿frío confort por un cambio?



Y ¿cambiaste

un papel principal en la guerra

por un papel protagonista en una jaula?





Ojalá, ojalá que estuvieras aquí.

Sólo éramos dos almas perdidas

que nadan en una pecera

año tras año

corriendo siempre sobre

el mismo viejo camino

¿qué hemos encontrado?

Los mismos miedos de siempre

ojalá que estuvieras aquí.

diario 22.8.11

Diotima estuvo recogiendo estos párrafos que había leído en Elsa Punset y se los pasó a Cósima para que los leyera, eran palabras sobre el amor, y estábamos tan necesitados de hablar aunque fuese con términos a veces tan técnicos o tan poco exactos sobre lo que necesitábamos saber de las emociones:

"La gente subestima gravemente el amor cuando afirma que el amor es ciego, en el sentido de que los enamorados no ven de manera objetiva al otro. En realidad el amor es una extraña forma de intuición. El amor verdadero y recíproco -no la fantasía amorosa que nos “cuelga” de alguien- nos permite ver al otro sin juzgarlo, traspasando las barreras de la coraza del ego. Cuando miramos a alguien con amor vemos más allá de las interferencias de su ego.

Desde el amor incondicional a otra persona lo que captamos en realidad es el potencial positivo de esa persona. Vemos, o más bien intuimos, lo que esta persona podría llegar a ser sin las interferencias de sus patrones emocionales negativos y de su ego. Goethe lo describía diciendo: “Trata a las personas como si fueran lo que deberían ser, y ayúdalas a convertirse en lo que son capaces de ser”. Cuando amamos a alguien y esa persona percibe nuestro amor incondicional se siente plenamente aceptada. Esa aceptación del otro, que percibimos a través del amor incondicional, da fuerzas al que es amado para creer en sí mismo y abre de golpe canales de expresión de la persona. El amor es el reconocimiento del potencial del amado y actúa como una energía que transforma. La mirada y el amor del otro nos dan vida y nos ayudan a transformarnos. Por eso la persona enamorada irradia esta seguridad al mundo exterior: los enamorados “brillan”. El amor del otro les ayuda a creer en sí mismos.

El mecanismo es similar entre padres e hijos: cuando el amor que ofrecen los padres es incondicional y, por tanto, no proyectan sus expectativas y miedos en el hijo, perciben intuitivamente el potencial de cada niño con claridad, y pueden ayudar a cada niño a realizar este potencial. El amor incondicional implica la aceptación total de la persona amada, adulto o niño. Ese sentimiento no se puede fingir. Es un magnífico regalo que damos a los seres que amamos: creemos en ellos y les amamos tal y como son, esperando naturalmente lo mejor de ellos. Esta visión es un reto que les ayuda a expresar lo más positivo que hay en ellos. Si comprendemos que la fuerza del amor radica en mantener esta visión positiva del otro, evitaremos caer en la crítica y en el reproche constantes. Tal vez por ello dicen algunos psicólogos que el desprecio de la pareja es la muerte del amor. Cuando perdemos la visión positiva de la pareja perdemos el sentimiento de amor incondicional que sentimos por ella. Si queremos evitar dañar nuestra relación afectiva y lastrar la confianza y autoestima del otro, hay que procurar no caer en las actitudes que implican desprecio hacia la pareja. Existen indicios recurrentes que indican que una relación entra en una fase difícil: la crítica constante al otro, el desprecio, estar a la defensiva frente a la pareja y finalmente la cerrazón emocional. La crítica y el desprecio no son compatibles con el amor. El desprecio mata el amor. Aprender a amar y a ser amado de forma incondicional es una de las herramientas más poderosas que existen de transformación personal y de reconciliación de una persona consigo misma."

lunes, 18 de julio de 2011

diario 21.8.11

Confiar en el amor como en la mirada de los niños, amar sin juzgar. ¡Atrevámonos, pues es posible! Dejar de dividir de forma instintiva y paranoica al mundo entre buenos y malos es una de las lecciones más importantes del amor en cualquier ámbito. Amar sin juzgar significa amar con plenitud, disfrutar con gratitud y dejar ir en libertad. Confíar en que el amor está, como en la mirada de los niños, en cualquier lugar, para así abordarlo sin miedo, como una fuente inagotable de aprendizaje, de transformación y de libertad. ¡Los maestros son los niños! Ellos nacen libres, con esa inocencia radical abierta al misterio, a la confianza en la vida y al amor al mundo. Si la conservásemos…, ¡seríamos siempre creativos y felices! Hay sólo dos modos de relacionarse con el mundo: desde el miedo o desde el amor. Sentir curiosidad por el mundo es amarlo, es lo mismo. ¡Es lo que sienten los niños pequeños! Esa inocencia radical, ese amor, curiosidad… es lo que luego nos enseñan a perder.