miércoles, 29 de junio de 2011
diario 1.7.11
La intimidad del otro me asusta como a muchos adolescentes y a bastantes adultos. Me resulta más seguro enamorarme de mis proyecciones, pretendo que el otro sea exactamente lo que yo quiero que sea, no existe una intimidad real porque evito no ver partes que me asustan o me desagradan de mí, pero todo sale a la luz en una relación íntima, mi debilidad, mi inmadurez, mi inexperiencia. Y si yo me convierto en la proyección de él me escondo porque así probablemente no deje nunca de quererme. Este es como nuestro mundo inventado, demasiada fantasía proyectada me destruye, sin embargo, pongo una mirada objetiva o una dosis de humor porque no puedo ver las cosas en perspectiva.
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