miércoles, 29 de junio de 2011

diario 3.7.11

Nuestros cerebros son muy adictivos, y vivimos en unos momentos en que no se piensa que exista una persona especial para nosotros, cuando tenemos que buscar pareja, por eso cada vez nos conformamos con los sucedáneos, pero tampoco hacemos nada por comprometernos de esta manera, suponemos que todo tiene un componente de adicción, incluso el desamor tiene también este componente y es eso lo que nos mantiene, y hace o suple el efecto del amor. Hay muchas formas de buscar, también hoy por internet, yo creo que cuando he sentido la necesidad de buscar el amor lo he encontrado pero no siempre ha sido el adecuado. Precisamente porque lo he buscado con ese apremio o porque no había otra mejor oportunidad. Al final parece que hay como un vértigo donde uno de los dos dice que no quiere comprometerse, ni quiere cumplir esas expectativas del otro.

El amor está al margen de todo lo demás, tiene otra vida propia, tiene su propio lenguaje, y lo tenemos que descubrir, cueste lo que cueste. Y no es blandenguería ni nada ficticio. Alumbrarlo es pensar que todo es deseo y llega a ti desde lejos. No es lo que Proust busca en la frivolidad de los salones, lo de ficticio, esa gente que sólo le preocupa la elegancia o la falta de elegancia de algunos, porque el amor y la carne están al margen de cualquier idioma.

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