Henry Bergson, es uno de los primeros intelectuales que se dan cuenta de que si ha habido algún error en la filosofía racionalista hasta los tiempos ha sido el de separar el alma y el cuerpo como si fueran cosas distintas y no lo son, aun sin caer en un materialismo reduccionista busca conciliar ambos, Spinoza con su mecanicismo universal nisiquiera lo consigue.
“Al lado del cuerpo que está confinado al momento presente en el tiempo y limitado al lugar que ocupa en el espacio, que se conduce como un autómata y reacciona mecánicamente a las influencias exteriores, captamos algo que se extiende mucho más allá del cuerpo en el espacio y que perdura en el tiempo, algo que reclama o impone al cuerpo movimientos ya no automáticos y previstos, sino imprevisibles y libres: eso que desborda el cuerpo por todos lados y que crea actos recreándose a sí mismo continuamente es el “yo”, es el “alma”, es el espíritu -siendo precisamente el espíritu una fuerza que puede sacar de sí misma más de lo que contiene, devolver más de lo que recibe, dar más de lo que tiene. Esto es lo que creemos ver. Tal es la apariencia.” Henry Bergson, El alma y el cuerpo, (Conferencia pronunciada en Foi et Vie en 1912).
Virginia Woolf pensaba que para lo necesario, para la vida de la naturaleza y de los sentimientos, jugaba más importancia el flujo de la conciencia y el discurrir del tiempo a través de la percepción y de su sutilidad en mirar alrededor. El tiempo de un devenir, un dejarse ir. Le daba más importancia al poder de sugerir, porque liberaba ese espacio a su intuición.
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