Sentimos amor pasional cuando conocemos a una persona que refleja aquellos elementos que no expresamos de nuestra personalidad. Los hombres se enamoran de una mujer que refleja su ánima, o lado femenino oculto. Las mujeres se enamoran cuando conocen a un hombre que refleja su animus, es decir el lado masculino oculto de su personalidad. Conocer a nuestra ánima o nuestro animus nos hace sentir completos, como si por fin hubiésemos conseguido algo que nos ha faltado toda la vida.
Yo intento asimilar o expresar aquello que amo en el otro, y que me cuesta manifestar por mí misma, es un modo de integrar lo oculto en mí. Intentamos o necesitamos sentirnos completos, aunque la realidad probablemente rompa esta magia y la fantasía que inventé. En este caso, todavía no, pero intentaré empezar de nuevo, no para repetir el error, sino para integrarlo en mí.
La proyección es donde yo me reconozco en el otro. Porque reconozco un elemento de mi personalidad en el otro. Imagino algo pero sólo es un deseo tierno, tal vez no se identifica o se revela como igual. Pasan los años y no llega la persona adecuada, porque siempre hemos estado inventándola. Es como el amor no correspondido tantas veces en la adolescencia. Él se aleja si me interesa, o bien tiene fantasías absurdas si yo no le hago caso. Porque esto es más fácil. Pero yo ya no soy una adolescente, sino que quiero una relación más sincera y compartida, se necesita también aprender a expresarse, porque esto es muy importante para mí, la sinceridad, la espontaneidad. En cualquier caso, ya no seré dependiente sino complementaria de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario