jueves, 30 de junio de 2011

diario 4.7.11

En Grecia encontramos los oráculos, que nos hablan del alma. ¿Qué son los oráculos en la vida griega? Si la Filosofía de Thales comienza con su pregunta: ¿qué son las cosas?, el oráculo vendrá a llenar la necesidad de esta otra pregunta: ¿Qué soy yo?, ¿cuál es mi destino?, ¿qué tengo que hacer ante tal o cual situación? Y vemos hasta a Sócrates consultando el oráculo de Delfos, le oímos escuchando su “daimon” interior. Iban los griegos a consultar al Dios también habitante del santuario, breve templo que no separaba a la deidad del paisaje que rodeaba; preguntaban al Dios y se entregaban a una orgía de purificación. El alma griega, cuando comenzaba a sentirse separada del cosmos, acude en los misterios de Eleusis y en culto a Dionysos buscando una reconciliación, con la esperanza de librarse de sus dolores; también con la alegría de quien se reencuentra con sus orígenes. Orgía, purificación, abandono por un momento de los dolores de la soledad.

Esto contrasta con el romántico, que, por el contrario, no pretende sumergirse en lo dionisíaco de la naturaleza, sino que se enlaza con lo plástico de ella. Busca el ímpetu, sí, pero en la figura traspasada por él. Busca llenar su alma con la naturaleza, para dejarla empapada como en esas noches de luna, que tanto gustaban describir. Pero el oráculo significaba otra cosa en su dirección de la “catharsis” órfica y de la orgía. Era más bien una ansiedad del alma por lo racional, una esperanza de salir de la duda más que de librarse de los dolores, de resolver la indecisión del individuo ante los asuntos de la vida: un afán de conocerse para saber qué hacer. Precursores del “conócete a ti mismo” socrático. Mito órfico, orgía de purificación, todo se vuelve a repetir en la historia.

El alma que siempre creemos que tiene un trasfondo sólo religioso, pero tiene unas raíces anteriores, que están en la naturaleza, donde la razón no llegaba, la razón funda la libertad de su carácter trascendente, y entre el yo del idealismo y esa parte del cosmos que entrelazaba con el hombre quedaba algo que se llamó “psique”. De aquí extrae Platon su "teoría del alma" de donde surgirá el concepto platónico de amor.

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