lunes, 4 de julio de 2011
diario 25.7.11
La neuroeconomía es cuando nos dejamos llevar por los prejuicios negativos de la realidad más actual sin tener en cuenta una perspectiva histórica y de recuperación. Sin embargo ahora estamos ante un fenómeno inmediato pero no tenemos ni idea de cuánto va a durar. A mí lo único que se me ocurren son medidas extremas. Oiga bájese del burro porque esto nunca lo hemos vivido antes.
En un momento de gran recesión y de muchos sueños rotos, los propios Estados Unidos se industrializaron oponiéndose a esa política de libre comercio prematuro, contra la que Roosvelt, con gran autoridad moral, le plantó cara a Churchill y su política colonial durante la segunda guerra mundial. La sociedad capitalista actual -que entiende esencialmente el crecimiento económico como resultado de añadir capital al trabajo- emplea una teoría del comercio basada en la teoría del valor-trabajo que sólo subsiste en la ideología comunista. Pero el objetivo subyacente de las “aglomeraciones nacionales” son o deben ser las innovaciones. Pero desde 1776 hasta el final de la segunda guerra mundial la práctica económica de Estados Unidos constituyó de hecho una guerra prolongada contra las teorías económicas que hoy día impone en el mundo subdesarrollado. Es decir, EEUU ha tomado un viraje ideológico ella misma en su política. Desde el reproche de Roosevelt a Churchill la fe en la capacidad del mercado para crear automáticamente la armonía se limita a unos pocos paréntesis históricos, rápidamente superados. Sin embargo, la idea fundamental de que sólo ciertas actividades económicas producen riqueza, es una guerra ideológica que ha tenido continuidad ininterrumpida y que está presente y donde no están solos los estadounidenses.
Y esta siempre ha sido la política de los EEUU concentrarse en ciertas actividades económicas, las que daban rendimientos crecientes. Y esas actividades que son las únicas que producen riqueza, aquí en España no las hemos visto suficientemente cerca porque estamos cegados con unas cuantas multinacionales que operan como oligopolios, y que no dejan al Estado que actúe o que señale el rumbo de la economía. El mercado libre sólo ha sido una herramienta ideológica, sobre todo a favor de los trabajadores de la Silicon Valley, y desde luego a ellos les interesa, pero no lo es hoy día, como herramientas para las naciones estados que tienen la necesidad de seguir imponiéndose en la economía. Zara inditex, yo creo que ya estamos hartos de esta película, todas las mujeres odiamos a Zara e inditex, es el cuello de la ruina de nuestras economías domésticas, muy pocas mujeres ya pueden seguir la moda, es ridículo. Pero se confunde el libre comercio con la era de la industria, que era realmente lo que consolidaba la riqueza. La principal explicación para esto es que el mundo rico actual ha confundido las razones del crecimiento económico- innovación, nuevos conocimientos y nuevas tecnologías- con el libre comercio. Y es más porque a EEUU esto le interesa, porque allí sí es lo mismo una cosa que la otra, porque allí tienen todas las posibilidades abiertas, ellos son soberanos, la Fed sigue haciendo inflación.
En el “mundo libre” se fue definiendo paulatinamente como un sistema de propiedad privada de los medios de producción, en el que toda la coordinación fuera de las empresas se deja al mercado, pero esa definición acabó por excluir cualquier referencia a la producción; en la medida en que realizaban intercambios sin una planificación central, las tribus de la Edad de Piedra se podrían considerar “capitalistas”. Para los marxistas, en cambio, el capitalismo era un sistema definido por una relación entre dos clases de la sociedad, los propietarios de los medios de producción y los trabajadores. Sin embargo, podría existir una tercera definición del capitalismo. En la definición del capitalismo de Sombart, los países ricos son aquellos que emulan a las principales naciones industriales incorporándose a la “era industrial”. La forma en que se formalizó la economía después de la segunda guerra mundial consolidó aún más los puntos débiles de la teoría de Adam Smith. Mientras que los economistas del periodo de entreguerras oscilaban entre modelos de sentido común sin prejuicios y modelos autorreferenciales, tras la guerra la economía se hizo cada vez más introvertida. Al no ser capaz de formalizar las principales fuerzas impulsoras del capitalismo según Sombart -de reducirlas a números y símbolos- simplemente se abandonaron. El genio, la voluntad y la iniciativa humana empresarial como no hemos sido capaces de cuantificarlas en números fíjate se abandonaron, por esta economía que sólo hace números una vez más, pero no puede contabilizar lo más obvio.
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