lunes, 11 de julio de 2011
diario 8.8.11
La vida es un camino de continuas decisiones y de giros inesperados. Decido si prefiero quedarme donde estoy o investigar si aún puedes llegar más lejos. Ya no presto atención a todo lo que he conseguido. Doy la vuelta y lo dejo a mi espalda. Emprendo el camino, seguramente duro e incierto, hacia un lugar más alto donde espero desarrollar todo lo que llevo dentro. Siento la necesidad de la lucha antes que la de instalarme en la comodidad. Esto me trae un sentimiento de renuncia de algo que aún tiene valor pero que se deja atrás para conseguir otra cosa mejor, para evolucionar, para ascender a un nivel más allá. He de continuar con mi vida y desprenderme de la pena que me supone lo que ya no puede volver. No debo seguir lamentándome por lo que se ha terminado. Si así ha sido seguro que es por algo, y, probablemente, ese algo es más importante y más beneficioso para mí que lo que he dejado atrás. Es normal que sienta tristeza, y hasta miedo, por los cambios, pero no debo resistirme a ellos o no aprovecharé las cosas buenas que se me presentarán en el camino de mi vida. No estoy viendo las cosas buenas de la vida, sólo lo que ya he perdido.
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