Ésta es una filosofía de la potencia -le dijo Diotima a Cósima- y de la acción, aunque parezca que la pasión es defecto de una causa o de un conocimiento; aquí es donde quizá encontramos una dialéctica con la filosofía de Osho sobre la no acción. ¿Es realmente una no-acción?
Veamos lo que dice Spinoza: “Obramos -dice Spinoza- cuando ocurre algo, en nosotros o fuera de nosotros, de lo cual somos causa adecuada, cuando de nuestra naturaleza se sigue algo, en nosotros o fuera de nosotros, que pueda entenderse clara y distintamente en virtud de ella sola”. Por el contrario, “padecemos, cuando en nosotros ocurre algo, o de nuestra naturaleza se sigue algo, de lo que no somos sino causa parcial”. Eso que nos ocurre deriva, en última instancia, de la causa primera e inmanente de todo lo que hay, la sustancia, el dios-sustancia, nos dirá Spinoza, que no puede prescindir de una causa metafísica primera.
La pasión está pues conceptuada como deficiencia respecto de la acción y respecto al conocimiento. Pese a lo cual debe diferenciar entre pasiones que elevan nuestro conocimiento, nuestra potencia de hacer y en general nuestra puissance, las llamadas pasiones alegres, y otras pasiones que deprimen y entorpecen nuestra potencia de conocer y obrar, las llamadas pasiones tristes. Ya que la alegría es el afecto que registra el alma en todo aumento de puissance, mientras la tristeza expresa una disminución de fuerza o de potencia.
En cuanto al amor es entendido por Spinoza como pasión alegre, sólo que de una alegría acompañada de una causa exterior. Padecer, en consecuencia, expresa un déficit de acción y de razón. Siempre que subsiste lo pasional, algo que permanece en nosotros como barrera o frontera de finitud e inadecuación: somos pasionales en la medida en que somos finitos. El esfuerzo ético consiste en reconvertir las pasiones tristes en pasiones alegres y éstas en acciones, es decir, en progresar en la escala del poder, que es a la vez progreso en la escala de conocer. Mientras padecemos mientras somos sujetos de pasión, mientras estamos sujetados al dominio de las pasiones, somos cautivos, dependientes, carecemos de autarquía y de libertad. La causa de lo que nos pasa no es concebida, en consecuencia, por nosotros, no haciéndosenos presente la razón del afecto que condiciona el curso de nuestra actuación ni de nuestra reflexión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario