lunes, 25 de julio de 2011

diario 15.9.11

A mí lo que me quedó claro viendo esa película -aseguró Diotima que había visto la película "Inside Job"- es que la crisis la habían empezado ellos, los americanos, y la estábamos sufriendo los europeos, en cambio. En la globalización de la economía un importante argumento es que la producción de bienes y servicios suele darse en un marco de rendimientos crecientes (economías de escala): cuanto mayor sea el mercado y más unidades produzca, más baratos serán los bienes y servicios que consumimos, lo que representa un enorme potencial de mejora para el bienestar de todos. Construir una fábrica que produce una medicina vital cuesta ciento de millones de dólares; cuanto mayor sea el volumen de ventas entre las que se puede distribuir ese concepto fijo, más barato será el tratamiento de cada paciente con el medicamento en cuestión. Otra razón poderosa en favor del libre comercio es la innovación y el cambio tecnológico, producto del continuo desarrollo de nuevos conocimientos tecnológicos se puede distribuir entre un número mayor de consumidores y, además del abaratamiento, podrán llegar antes a cada ciudadano individual en todas partes. Las nuevas oportunidades de salarios más altos y/o bienes y servicios más baratos, explican la espectacular riqueza de algunos países. “La globalización -tal como la interpretan las instituciones de Washington, el Banco Mundial y el FMI- es en la práctica una integración económica muy rápida de todo tipo de países, ricos y pobres, en lo que atañe al comercio y las inversiones. Hay muchos argumentos a favor del libre comercio y de esa integración; algunos de ellos son culturales, como el de que el libre comercio fomenta los contactos y la comprensión entre diferentes naciones y culturas, pero la mayoría son de naturaleza económica. Si la integración económica se realizara de la forma y con la velocidad adecuadas, podría en efecto mejorar económica y socialmente la situación de todos los países, tanto ricos como pobres. El problema está en el ritmo.” (Erik Reinert). Y por lo que respecta al ritmo, las potencias hegemónicas mundiales han tenido que renunciar dos veces a su insistencia en el “libre comercio” y el liberalismo ideológico permitiendo a los países pobres atrasados ponerse al día mediante una industrialización tardía. En ambas ocasiones -después de 1848 y de 1947- esto sucedió como consecuencia de la amenaza que suponía el comunismo para todo el sistema económico mundial. Queda por ver cuáles serán las consecuencias del actual fundamentalismo religioso. O lo que ha pasado el otro día en Oslo con aquel loco que ha colocado una bomba. Pero hoy día el ritmo verdaderamente lo van imponiendo las sucesivas crisis que aparecen o los mismos movimientos volátiles de la bolsa, lo que está claro es que el dinero, a la sombra o al sol, está metido dentro de los bancos, y que no se mueve o que está en los paraísos y mejor que esté ahí. Hemos llegado a un punto entonces en que lo que hay que mover son las instituciones, y las “bombas” en sentido metafórico que hay que tirar hay que tirarlas contra ellas. Me refiero a las instituciones no como personas físicas sino intelectuales. El fundamentalismo religioso es una amenaza para ellas, pero al mismo tiempo está haciendo fracasar la políticas de los países más pobres, que no pueden salir del terrorismo. Por eso el terror y el miedo absoluto se impone. Por tanto esto de las bombas nazis es la nueva ola. Pero al sistema hay que atacarlo con terror también para que funcione. Nietzsche ya lo decía: La inercia frena el proceso de cambio; no olvidamos lo viejo con suficiente rapidez para dejar espacio a lo nuevo. Nietzsche describe de forma muy poética una inercia institucional en la que primero cambian las ideas y opiniones y las instituciones sólo pueden seguirlas mucho más lentamente. “El derrocamiento de las instituciones no sigue inmediatamente al de las opiniones, sino que las nuevas opiniones viven durante mucho tiempo en el hogar desolado y extrañamente irreconocible de sus predecesoras e incluso lo preservan, ya que necesitan algún tipo de cobijo”. Como siempre perdonad que escriba tanto pero una ya no sabe lo que va a hacer, volverá a coger la guitarra y se pondrá a cantar por las calles.

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