lunes, 11 de julio de 2011

diario 12.8.11

Estamos en la época de los amores románticos, entre fines del siglo XVIII y mitad del siglo XIX, el lema del romanticismo alemán fue Sturm und Drang, "La tempestad y el ímpetu". Este podría ser también el lema de la vida de Bettina Brentano (1785-1859). Decidió conocer a Goethe que era ya un escritor famoso, casi una institución gloriosa, y lo conoció, se fue a buscarle, ella era editora y se hizo amiga de su madre, a cambio empezó a editarle algunas de las cartas familiares. Pero Bettina sólo tenía en este momento veintiún años y Goethe tenía cincuenta y ocho. Bettina como muchos románticos creía en la inmortalidad y eso la impulsaba a acercarse a los genios de su tiempo. Escribió cincuenta y dos cartas a Goethe, y éste acabó harto de su persecución. Pero después ella terminó casándose con el poeta Archim von Arnim.

Con el romanticismo se inicia el amor loco, que es revolucionario, transgresor, que es diferente del amor constante, que es el amor burgués. El amor romántico está representado también en el enfrentamiento de Madame Bovary entre los anhelos de una mujer que ha alimentado el sentimiento amoroso a traves de las lecturas de amor y entre el amor conyugal, que busca la tranquilidad, la procreación y la familia.

Ya el siglo XVIII es racionalista y romántico, es un siglo brillante y desgarrado, la gran pugna entre el amor pasión y el afecto conyugal se mantiene, y la menor presencia de la religión permite fundar el lazo conyugal en los sentimientos.

Incluso ya un siglo antes, el siglo XVII es literario y barroco y el tema principal de los debates es si son compatibles el amor y el matrimonio, las mujeres recuperan un protagonismo que no han tenido desde la época del amor cortés. Las "preciosas" reivindican los derechos de la mujer. Oponen al amor vulgar y carnal, el amor purificado, la tendré amitié, libremente consentida. Se pone de moda la femme d’esprit, la mujer ingeniosa, cultivada y hostil al matrimonio.

Las circunstancias sociales, económicas y religiosas hicieron que durante la Edad media, amor y matrimonio se separaran. El matrimonio constituía ante todo una alianza entre dos familias, más que una unión entre dos personas. Normalmente el amor no intervenía en absoluto. En las cartas encontramos una elaboración teológica y otra caballeresca del amor, pero en las capas sociales más humildes sin duda nada de esto tenía lugar, existía una visión más brutal de la vida. Las reglas de cortesía y las normas esto es lo singular del amor caballeresco y que fijan a las mujeres como objeto del deseo, la mujer, es el dominus, quien ordena la relación amorosa, por primera vez en la historia la mujer se convierte en fuente de normas.

En el amor cortés, la norma amorosa ya no tiene su origen en Dios, ni en la naturaleza, ni en la autoridad política, sino que está promulgada por el propio objeto de deseo, que define las virtudes que ha de tener el caballero amante. Este siglo del amor cortés es un siglo obsesionado por el amor y la ternura, pero es el cristianismo quien provoca originalmente una dialéctica amorosa, en el Cantar de los Cantares, el alma se identifica con la enamorada, los monjes quieren dejarse seducir por la palabra divina y alumbrar la santidad, por eso los abades tenían un comportamiento maternal con sus monjes.

Pero esta idea se va a fusionar con otro tipo de amor, el amor sexual, en el amor cortés, que es apasionado, que en un marco distinguido copia la relación feudal llevándola al terreno amoroso. Los enamorados son siervos de su señora. Son los trovadores quienes cantan este amor, caballeresco y cortés, que no es siempre tan casto como se ha pretendido, pero que descubre algo más allá de la carnalidad. Se trata de que la pasión también significa sufrimiento, hay una tendencia a preferir lo que nos hiere, el fin d’amour, cantan amores desdichados.

Y hasta aquí podemos enlazar de nuevo con el siglo del Romanticismo donde se ponen en boga otra vez estas costumbres del amor apasionado, y donde la mujer parece adquirir de nuevo un sutil protagonismo en las historias de amor, como es la historia de Bettina Brentano con Goethe.

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