Diotima habló de la virtud y dijo que según Aristóteles sería el medio entre dos defectos malos, uno por exceso y otro por defecto. Pero también Aristóteles en su Etica a Nicómaco nos dirá: ” Pero no todo hecho ni todo afecto es capaz de medio, porque, algunos, luego en oírlos nombrar los contamos entre los vicios, como el gozarse de los males ajenos, la desvergüenza, la envidia, y en los hechos el adulterio, el hurto, el homicidio. Porque todas estas cosas se llaman tales por ser ellas malas de suyo, y no por consistir en exceso ni en defecto. De manera que nunca en ellas se puede acertar, sino que siempre se ha de errar de necesidad. Ni en semejantes cosas consiste el bien o el mal en adulterar con la que conviene, ni cuando conviene, ni como conviene, sino que generalmente el hacer cualquier cosa de éstas es errar.” “De la misma manera es el pretender que en el agraviar y en el cobardear y en el vivir disolutamente hay medio y exceso y asimismo defecto. Porque de esta manera un exceso sería medio de otro exceso y un defecto medio de otro. Pues así como en la templanza y en la fortaleza no hay exceso ni defecto, por ser, en cierta manera, medio entre dos extremos, de la misma manera en aquellas cosas ni hay medio ni exceso ni defecto, sino que de cualquier manera que se hagan es errarlas. Porque, generalmente hablando, ningún exceso ni defecto tiene medio, ni ningún medio exceso ni defecto.” Vemos cómo el propio Aristóteles justifica aquí que no hay medio para el error o para lo que es defecto, y que esto ya tiene su propio nombre, el ser un mal o un delito o un error propio.
Pues bien, yo creo que el caso actual en el que estamos no es el del medio entre dos defectos, sino es en el error propio por su propio defecto, donde ya no cabe trazar ningún medio. Es como si estuviéramos andando por un campo de minas, ya no cabe moderación ninguna.
Cuando habla de los medios se refiere a las virtudes, las de la templanza entre ellas y a los apetitos sensitivos, y reconoce igualmente que los medios no están claros, que se reempujan entre ellos y que unos se establecen por comparación con el otro, el liberal con el pródigo y éste con el escaso. “Y el liberal, comparado con el escaso, parece pródigo, y conferido con el pródigo, parece ser escaso. Por esto los extremos rempujan al medio, el uno para el otro, y el cobarde llama atrevido al valeroso, y el atrevido dícele cobarde, y por la misma proporción acaece en los demás. Siendo, pues, éstos de esta manera contrarios en sí, mayor contrariedad tienen entre sí que con el medio los extremos. Porque más distancia hay del uno al otro, que de cualquiera de ellos al medio, de la misma manera que lo grande dista más de lo pequeño, y lo pequeño de lo grande, que cualquiera de ellos de lo igual. A más de esto, algunos de los extremos parece que tienen alguna semejanza y parentesco con el medio, como el atrevido con la valerosidad o fortaleza, y la prodigalidad con la liberalidad. Pero los extremos son entre sí muy diferentes; y aquéllos definen ser contrarios, que tienen entre sí la mayor distancia; de manera que las cosas que entre sí mayor distancia tengan, más contrarias serán.”
Después hablará de la disolución y dirá que es cosa más voluntaria que la cobardía, y es porque tiene que ver con los deseos. “La disolución, cosa más voluntaria parece que no la cobardía: pues ésta nace del deleite, y aquélla de la tristeza, de las cuales dos cosas el deleite es cosa de amar, y la tristeza de aborrecer.” Realmente aquí adelanta una idea moderna que ya está en Freud.
Luego hablará de la prodigalidad, he estado recogiendo algunos textos de Aristóteles que son importantes.También hoy día se habla de los neoaristotélicos para designar una forma de pensamiento. Aquí diremos que respetamos a Aristóteles pero desde luego hay que mandar a paseo a los neoaristotélicos como a los neoplatónicos, porque su escuela se basa en un comunitarismo cerrado, es decir, en un falso universalismo, y esto de formarse en grupos cerrados es como faltar a la moral kantiana y a su principio de universalización. Al menos con Kant, el individuo puede disentir de las normas injustas.
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